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Pocas cosas relajan como una mecedora de mimbre junto a la ventana, y pocas piezas envejecen con tanta gracia. En Whoppah encuentras mecedoras de mimbre de segunda mano con asientos y respaldos trenzados en mimbre o ratán sobre estructuras de madera curvada o bambú, desde los diseños de Thonet que definieron el género hasta las mecedoras de inspiración escandinava vinculadas a Hans Wegner y las versiones asequibles de Ikea que tan bien combinan con todo.
Las mecedoras vintage de los años 50 y 60 tienen el trenzado más fino y la madera con pátina; las modernas apuestan por el ratán natural y las líneas depuradas. Todas comparten esa ligereza visual que permite colocarlas en un dormitorio, un rincón de lectura o un porche cubierto sin recargar el espacio.
Como los vendedores son particulares y profesionales del interiorismo, la selección se renueva cada día. Cada mecedora se revisa por el equipo de curación de Whoppah antes de publicarse, puedes hacer una oferta o comprar de inmediato, y llega con envío asegurado a toda Europa. Si buscas una pieza de época, fíjate en el estado del trenzado, que es lo que más trabajo da restaurar.
Thonet marca sus piezas con un sello estampado a fuego o una etiqueta de papel bajo el asiento o en la parte interior del bastidor. La madera curvada al vapor forma curvas continuas sin uniones visibles, y el asiento de mimbre va tejido directamente en el marco. Compara el modelo con el catálogo histórico y pide fotos del sello al vendedor.
Si el trenzado está flojo pero entero, humedécelo ligeramente con un pulverizador y déjalo secar sin sentarte, para que recupere la tensión. Si hay fibras rotas, un artesano de rejilla puede volver a tejer el asiento. Para el día a día, quita el polvo con cepillo suave y mantén la mecedora lejos del sol directo y de la calefacción.
Las mecedoras viajan de una pieza, envueltas en manta y film y con las patas curvas protegidas con cartón, mediante transportista de mobiliario y seguro incluido hasta cualquier país de Europa. Al recibirla, comprueba que el trenzado no se haya deformado y que la madera no tenga golpes en los balancines, que son la parte más expuesta.